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Las estrategias de seducción de los pavos reales le han hecho un gran daño a los hombres y uno peor a las mujeres. No cabe duda de que las pavas, esas inocentes aves de modesto plumaje, se sienten cautivadas con la ególatra danza de sus pretendientes. De seguro disfrutan el despliegue de color y movimiento que ejecuta el pavo para demostrarles lo fantástico que es y todo lo que se pueden perder al no aceptar sus cortejos. Pero, contrario a lo que algunos hombres piensan, esa táctica no funciona tan bien en la seducción de mujeres inteligentes. Resultan realmente agotadores los intentos de cortejo en los que los ejemplares masculinos se dedican a mostrar sus plumas.

Es casi una caricatura la conversación de bar en la que el chico dedica todos sus esfuerzos a demostrarle a su ‘presa’ que es ‘el mejor postor’: El más apuesto, el más fuerte, el más arriesgado, el más exitoso…EL MÁS…sin preocuparse por averiguar nada de la chica que tiene al frente.

Los rituales de cortejo de los seres humanos son de los más prolongados de toda la naturaleza y eso, a diferencia de lo que ocurre con los pavos y sus amigas, implica la construcción de confianza.

La confianza que depositamos en otra persona está relacionada, por supuesto, con la admiración, lo que puede tener que ver con reconocer la belleza del ‘plumaje’ del otro. pero la admiración por sí sola no garantiza la confianza. Ésta se construye cuando percibimos que la otra persona se interesa por nosotros y tiene disposición para escucharnos y comprendernos, cuando reconocemos en ella la empatía.

La empatía tiene que ver con la capacidad de percibir lo que el otro individuo puede sentir. Es aquello que nos permite participar de las emociones ajenas, para así comprender de formas mucho más profundas las personas que nos rodean.

Si la chica de nuestra historia del bar se ha enfrentado a la riña simbólica entre un montón de tipos que se esfuerzan por demostrarle cuál de ellos tiene las ‘plumas’ más brillantes, muy seguramente estará agotada con el asunto y sentirá más aprecio por alguien que intente ponerse en su lugar, escucharla y tener una conversación tranquila.

En otras oportunidades puede ocurrir lo opuesto. Cuando una chica no está acostumbrada a recibir la atención de los hombres, tal vez se siente un poco insegura con su apariencia. En estos casos, un cumplido sincero podría ser la puerta hacia la aceptación.

Pero las palabras correctas no están prefabricadas. No existe un libreto estándar que funcione en todas las situaciones. La clave de la seducción y la confianza es la empatía, es la capacidad de observar y escuchar de forma atenta y descubrir así qué moviliza a la otra persona, qué le interesa, qué rechaza. Cuando alguien nos muestra que tiene el propósito genuino de entendernos, eso crea un clima de confianza que es el terreno perfecto para cultivar cualquier tipo de relación.

Los mejores regalos, los más exitosos negocios, las relaciones más sólidas y los proyectos de desarrollo más eficientes tienen ese mismo germen.  

photo credit: Pavito Real via photopin (license)

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