Home

amor-distancia2Las palabras se escaparon. Estaba a punto de decirlas y de repente tomaron otro rumbo, tal vez para habitar en alguien más veloz, capaz de expresarlas en el momento adecuado.

Estas escenas terminan siempre igual: ella cruzada de brazos, recostada en el marco de la puerta, con una expresión expectante. El espacio entre los dos alargándose hasta el infinito. El sonido de la calle o del televisor, rezagado a un segundo plano y él…en silencio. El tic-tac del reloj les quema los tímpanos a ambos por un instante y luego ella se va, convencida de lo obvio, pero no por eso menos doloroso: las cosas no van a cambiar.

Esa idea tiene tanto de real, como de engañosa, porque hay muchas cosas que han cambiado y seguirán cambiando. En los 20 años de relación, se ha transformado la mirada, el tono con el que se hablan, los gustos, el aroma, las preferencias alimenticias, el interés por ciertos libros, cierta música, ciertos planes, ¡muchas cosas han cambiado!

Lo que ella considera insoportablemente inalterable es el silencio. Pero ese también ha cambiado, porque en tantos años ha perdido el romanticismo el asunto ese de que las palabras no alcancen para describir lo que pasa. Al principio lo indescriptible era la belleza de su pelo largo, el aroma de su cuerpo en la cama y la delicia de sus besos apasionados. Ahora las palabras son insuficientes para representar la duda, el tedio, la angustia, el temor…

Germán sufre su silencio un momento y se pregunta a dónde se habrá ido la magia.

Suena el timbre. Mónica finge ignorarlo y continúa en la limpieza, su metodología favorita de catarsis. Germán se levanta de la cama de un salto y recibe a su hermano Carlos con una sonrisa forzada. Televisor de 20 pulgadas, videojuegos y cerveza: el combo soñado. Ellos pasan varias horas en la sala y Mónica los observa por un rato, desde la distancia. Le indigna sentir que se divierten como si nada. Carlos lleva menos de 2 meses de divorciado y este matrimonio parece que compartirá la misma suerte. Pese a eso, ellos no hablan sobre sus angustias, no se dan consejos, ni se abrazan, simplemente están ahí, ‘enajenados’.

El sonido, los movimientos, la presencia de su hermano: todo lo lleva a la infancia, ese lugar en el que los más graves problemas se disolvían por arte de magia. Se entrega al instante, al desafío, a la emoción y su sonrisa deja de ser forzada. Tres horas después, Germán siente que el mundo es un lugar más amable, en el que el valor y la dedicación pueden vencer cualquier obstáculo y llevarlo hasta su princesa encantada.

Así, niño, liberado, poderoso, se enfrenta a la puerta cerrada, a la oscuridad del cuarto y ve flotar en la cama a la doncella soñada.

El tiempo ha sido eterno para ella, que sufre con cada celebración de sus jugadas y se pregunta cómo puede ser tan inconsciente, tan despreocupado. Repasa su sueño roto de verlo sentado a su lado, explicando con detalles sus emociones y encontrando juntos una solución a todo este enredo emocional en el que convirtió su cuento de hadas. Cuando lo siente entrar aprieta los párpados, haciendo un gran esfuerzo por disimular su rabia.

Y ahí está él, decidido a abrazar a su princesa y compartir con ella una noche apasionada. Y ahí está ella, con una puñalada de dolor clavada en el alma. Él se le acerca por la espalda, le levanta un poco la pijama y se queda perplejo al sentir el frío de su cuerpo, la incomodidad en su gesto y una vez más…la distancia.

Anuncios

Un pensamiento en “La distancia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s