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Los momentos más significativos de nuestro paso por el mundo están despojados de sombreros y corbatas, de brasieres y pantalones, por eso me pregunto de dónde viene nuestra obsesión por sepultarnos bajo múltiples capas de tela.

No hablo aquí de sentarnos en la misma silla del bus que acaba de abandonar una anciana sin calzones. Me refiero a hablarnos a ‘calzón quitado’, a mirarnos como rostros desnudos que es la forma como Gonzalo Arango define el amor, me pregunto por la desnudez y la libertad a la que Steve Jobs se refiere cuando habla de la sensación que le produce sentirse cerca de la muerte.

El fuerte y acelerado latido de un diminuto corazón es lo que ven las madres en la primera ecografía y sólo cuando éste se detiene los médicos oficializan el fin de la vida y a pesar de eso, los seres humanos nos pasamos la existencia ignorando los llamados de ese motor de vida. Pueden más las convenciones, las demandas impuestas por un modelo social occidental, científico y racional que desde hace tiempo demostró falsedad en sus promesas de bienestar infinito y generalizado. Nos habla más fuerte la angustia de no cumplir el objetivo recientemente trazado por vía racional que el latir que nos regaló la vida y un día nos la ha de quitar.

Hago aquí una oda a la desnudez de espíritu, a la valentía de quienes le bajan el volumen al radio de la ciencia-modernidad-racionalidad-belleza-éxito-riqueza para seguir el corazón que les demanda honestidad, amor, placer, dar de sí mismos un poco más a esta humanidad llena de amplias sonrisas y grandes corazones.

Aplaudo las intenciones de desnudarnos para vivir con toda el alma aquello que nos hace humanos: la risa, la duda, el llanto y el amor.

Le agradezco a Steve Jobs que nos recuerde que aún después de participar de la creación y distribución de algunos de los productos de tecnología más importantes de las últimas décadas, uno tiene derecho a retirarse las vestiduras para escuchar el corazón: “Recordar que pronto estaré muerto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de la vida. Porque casi todo –todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el miedo a la humillación o al fracaso– se cae ante la muerte, dejando solo aquello que de verdad importa. Recordar que uno va a morir es la mejor forma que conozco para evitar la trama de pensar que uno tiene algo para perder. Ya están desnudos. No hay razones para no seguir su corazón”. Steve Jobs


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Un pensamiento en “Homenaje a la desnudez

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