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La campanilla del despertador le revienta los oídos. Abre los ojos y lo primero que percibe es el ardor en la garganta y la congestión nasal. Logra sacar su cuerpo de la cama y camina hasta la ducha atolondrado. Su despoblada cabeza recibe con temor el agua helada. Sin plata no hay gas, sin gas hay que comenzar con dolor cada mañana. El frio le despierta los recuerdos, los tormentos de todos los días, la imagen de su mujer cruzando la puerta de la casa con sus pertenencias medio empacadas, la cantaleta de la inmobiliaria con el asunto de los pagos, ese conflicto no resuelto con su único hermano… se estrega con fuerza y velocidad como tratando de exfoliar, sin éxito, tantos fantasmas. Con su cuerpo delgado envuelto en una vieja toalla, abre la puerta del baño y se ve atropellado por la triste imagen de su traje de trabajo colgado al pie de la cama. No soporta las pepas coloridas, los grandes zapatos, las tirantas, la inmensa y enroscada peluca ¡¿por qué tiene que ser un maldito payaso?!


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Un pensamiento en “Conflicto vocacional

  1. yo creo que todos los que no hemos logrado hacer en esta vida lo que realmente nos agradaría hacer y no lo que malditamente tenemos que hacer somos solo tristes payasos

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