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No siempre hay algo que decir. Se conectan con la mirada, con los gestos, casi pueden olerse, pero no encuentran palabras. No vale la pena mencionar clima porque es plano, gélido y aburrido desde hace un par de meses, no hay nada nuevo en las noticias, no está atestado ni desolado el tren, ella no lee ningún libro y él no tiene el último iphone en sus manos. Ninguno de los temas prediseñados opera en esta ocasión.
A 054
Parada tras parada se revive la ansiedad. Siempre existe la posibilidad de tener sólo unos segundos para pasar del anhelo al tacto, para estrechar una mano, intercambiar teléfonos…pero aún así, ambos quedan suspendidos frente al abismo, por temor a caer ruidosamente en el estereotipo, por evitar colgarse el anuncio ‘no tengo planes esta noche ¿te animas a una cena?’, que en el caso de él sería falsa propaganda.

Un vistazo a la ventana la sume en sus pensamientos, mientras ve pasar las oscuras columnas del conducto subterráneo y siente la penetrante mirada en su cuello, en su rebelde pelo rubio apenas controlado por un resorte viejo. Ve los reflejos de los rostros ensimismados, la colección de soledades que ocupa el vagón y se pregunta si vale la pena hacer el intento.

Le pesa el agotamiento de los adioses y las insípidas bienvenidas, el cansancio de escuchar nuevamente el resumen de la infancia en la gran ciudad y la adolescencia rebelde. Está harta de hacer la lista de sus artistas favoritos y explicarle a todos por qué dejó de comer animales muertos.

Cuando se da la vuelta, con toda la oscuridad de sus pensamientos encima, se encuentra de nuevo con esos ojos, en los que resplandece el brillo de la posibilidad; ella, sin embargo, ya dio dos pasos atrás del filo del abismo. Le sonríe con desgano, con la rabia acumulada de tantos inútiles primeros besos y decide bajarse de repente, en la próxima estación.

Él inmediatamente se posa frente al vidrio y se queda mirando los rubios crespos y rosados labios que habitan a unas pocas calles de su nueva casa, esos con los que podría tener desenfrenado sexo matutino y culposos encuentros nocturnos. Se va con el traqueteo del tren en los odios y la desolación de un abismo sin eco.

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2 pensamientos en “El abismo

  1. Se me arruga el alma después de leerlo. Tendría mil cosas para comentar, pero hoy mis dedos no se mueven tan rápido como mis pensamientos

  2. Me agrado bastante toda la idea del escrito, yo lo complementaria con un poema del poeta Jose Angel Buesa, Poema del Renunciamiento

    Espero que les agrade

    Salut!

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